-AL AIRE-

De paseo por el cementerio central de Neiva

De paseo por el cementerio central de Neiva

Tiene 31 años, sus padres son huilenses, habla cinco idiomas, es bailarina por necesidad (con maestría en conocimiento y práctica), investigadora por curiosidad y dedicada a la muerte por casualidad, desde aquella vez que a sus 9 años asistió al sepelio de su madre.

Con Eloísa Lamilla Guerrero es fácil encarretarse para hablar de la vida pero más sobre la muerte, su especialidad. Es antropóloga con maestría en antropología social de la Universidad de los Andes.

Eloisa acaba de dictar un seminario de dos días sobre el patrimonio fúnebre de Neiva, invitada por el Banco de la República. Y faltó tiempo para escucharla porque esto de bailar con la muerte resulta casi divertido.

Las tumbas más visitadas

Según Lamilla, hay dos tumbas muy visitadas en el cementerio central de Neiva. La de un médico y la de un bandolero, como se daba en llamar a los guerrilleros en el siglo pasado.

“El médico es Hernando Moncaleano, urólogo y pediatra javeriano que se distinguió por su espíritu caritativo y de servicio. Atendía de forma gratuita a los enfermos y les suministraba los medicamentos a quienes no tuvieran cómo pagarlos. Lo llamaban el médico de los pobres.

Murió trágicamente. Su esposa, en un ataque de celos, lo baleó en las afueras del club social de Neiva. Actualmente en su honor el Hospital general de la ciudad lleva su nombre. Muchos de los visitantes a su tumba dicen que sigue curando. Sobre el sepulcro están las placas de agradecimiento que dejan los beneficiados por sus milagros.

La otra tumba es la de Saúl Quintero, apodado “el renco”, considerado bandolero conservador, “que operó durante la década de los cincuenta en el noroccidnte del departamento”.

Quintero nació en Teruel, en 1937. La traición de una mujer terminó en su captura y fue asesinado el domingo 5 de diciembre de 1965. “Su sepultura, camuflada por la vegetación y los altos árboles que caracterizan el cementerio, se encuentra en la antigua zona no católica. Los devotos han convertido este punto en un paso obligado del recorrido en sus visitas al cementerio”.

La tumba de Aurelio Atayde, los del circo

Aquí murió y aquí está la tumba de Aurelio Atayde, de origen mexicano, fundador del famoso Circo de los hermanos Atayde, que recorría el mundo con su carpa.

“Este espectáculo internacional debe su origen al deseo de Aurelio y sus hermanos de convertirse en trapecistas, a tal punto que huyen de su casa en Frenesillo para unirse a un circo y años más tarde fundan su propia compañía.

El sepulcro –explica Lamilla- es una majestuosa construcción en granito con características propias de la arquitectura fúnebre mexicana. En un principio estaba compuesto por seis pilastras colocadas en una plataforma-nave, que se han ido desgastando. La parte anterior tiene un desnivel en el que está ubicada la lápida de mármol.

Otro día les cuento lo divertido que es coleccionar epitafios. El mío lo tengo listo: ¡Seguimos sintonizados¡

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