Carros de la gobernación para los hijos del mandatario en Bogotá

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Carlos Julio González Villa es un hombre supremamente rico y solamente se le conocen dos actividades “productivas” que generen tanto dinero: el ejercicio de la política y su matrimonio con Miriam Hurtado, quien llegó a su vida viuda y cargada de dinero, el que heredó de un hombre sospechosamente forrado en plata.

Después crecieron la fortuna con negocios –aquí y allá- casi todos relacionados con influencias en entidades del Estado.

El ambicioso equipo de familia, en el que Cielo González ha sido calculadora y atrevida, fue reforzado con otro personaje codicioso, Germán Trujillo, el llamado zar de la alimentación escolar, hoy pagando cárcel en su casa.

En suma (y sin adentrarnos en múltiples escándalos e investigaciones por reales y supuestos asaltos a lo público), entendería uno que en esa familia abunda el dinero. Miriam fue, hace poco prestamista, para no llamarla agiotista. Desconozco si seguirá en lo mismo.

Sin embargo, con dineros oficiales, los hijos de la familia González-Hurtado se movilizan en Bogotá en carros de la gobernación. Y con nuestros impuestos les ponemos gasolina, les hacemos mantenimiento. Y también pagamos a un conductor.

Felipe Serrano (del primer matrimonio de Miriam), un hombre hecho y derecho, profesional, con un buen puesto en la alcaldía de Bogotá, casado recientemente, se moviliza en la camioneta Toyota TX ODU 268 Negra (año 2104), que él mismo maneja como su carro particular

María José González Hurtado y “Carlitos” González Hurtado estudian en la Universidad de Los Andes arquitectura y derecho, respectivamente. Van a la U en la camioneta Toyota TX ODU 269 Plateada. La gobernación rota unos conductores a los que les paga sueldo y viáticos.

(Sin contar que el gobernador y su señora viven en la “casa privada”, con empleados las 24 horas a su servicio, dinero que sale del presupuesto oficial).

Una situación como ésta supera el escándalo que le costó el cargo de gobernador a Jorge Eduardo Géchem.

Cuentan los cronistas de la época que Héctor Polanía Sánchez lideró la caída del mandatario por unas cuentas que se suponían abultadas por la compra de leche en tarro para un niño recién nacido, Jorge Andrés.

El episodio (que debió originarse en información que deslizó el Contralor Luis Humberto Tovar), fue tomando dimensiones de escándalo.

“Mano Pola” (como le decían a Polanía Sánchez) capitalizó el rechazo popular con una frase demoledora: “Estamos alimentando en la casa del gobernador un ternero hambriento”.

El gobernador Géchem se cayó pronto. Carlos Julio, en cambio, con muchas acciones de pillaje, pavimenta el terreno para regresar al Senado.

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