-AL AIRE-

Pitalito visto por Cocunubo

Jorge Iván Cocunubo Castellanos es médico de profesión, se ha desempeñado como Gerente del Hospital del municipio de La Plata, fue gerente de Caprecom en el Huila y vivió algunos años en Canadá donde trabajó como docente Universitario. Decidió ser candidato a la alcaldía de Pitalito por el Partido Alianza Verde para el periodo 2015-2019 pero obtuvo una baja votación.

Coconubo habla de cómo se encuentra hoy su municipio.

Los calvarios de Hernán Andrade

Con el permiso del autor y de su editor, les compartimos uno de los capítulos del libro “Las Colombias que he vivido”, del exsenador y presidente del Partido Conservador, Hernán Andrade Serrano, lanzado en Bogotá y Neiva, y ya disponible en librerías. “Mis calvarios”, donde relata cada uno de los procesos penales que enfrentó ante la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, de los que ha resultado o absuelto o los magistrados se han abstenido de abrir alguna causa en su contra por no encontrar mérito, entre ellos el del préstamo de dinero de uno de los hermanos Cabrera Polanco y la interceptación hecha a protagonistas del denominado “Cartel de la toga”.

Mis calvarios

Como lo relaté páginas atrás, la Caja Nacional de Previsión Social – Cajanal - fue el nombre que me abrió las puertas a los grandes debates en el Congreso de la República en 1999. Y a su vez, paradójicamente, el símbolo de una pesada carga judicial que me tocó asumir durante casi siete años ante la Corte Suprema de Justicia y que nació el domingo 20 de octubre de 2008.

Cuando todavía recibía abrazos y aplausos por mi elección como Presidente del Senado, ese día la portada de la revista Semana me sacudió con un titular que, para un observador desprevenido, no indicaba ningún hecho irregular: “Los pagarés del presidente del Congreso” y en su resumen interior afirmaba: “El considerado cerebro del desfalco de Cajanal le entregó 250 millones de pesos en efectivo al senador Hernán Andrade días antes de su elección”. El periodista también suponía como grave que hubiese puesto mi firma y huella en dos pagarés “que no dicen ni cuándo ni cómo va a pagar la deuda”; el redactor no sabía (quizá nunca había negociado un pagaré) que estos títulos valores generalmente se firman en blanco y así lo autorizan la Ley mercantil y las normas financieras, con salvedades para que el tenedor después los llene.

La portada de la más prestigiosa revista política del país me sorprendió mientras saludaba a los habitantes del municipio de Tesalia en una de las tantas giras que he hecho por años los fines de semana a los más apartados municipios del país, desde Chocó hasta el Meta, desde La Guajira hasta Orito en el Putumayo. Y digo que me sorprendió no porque la existencia de los pagarés fuera secreta sino por el enfoque escandaloso y de supuesta máxima gravedad que le daban al episodio: el préstamo era cierto, los pagarés los conocía pues los había firmado a conciencia en marzo de 2006, había cancelado ya parte de esa obligación y – lo más importante – había acudido a la Fiscalía General de la Nación un año atrás cuando me informaron que los habían decomisado en un allanamiento en Neiva.

Por esas razones fue que atendí sin ninguna prevención una llamada de un periodista de Semana tres días antes de la publicación y contesté sus preguntas informalmente, casi al punto de no darle mayor trascendencia pues estaba plenamente seguro de que esos pagarés eran producto de una transacción comercial normal, amén de que el dinero recibido en préstamo lo había usado en limpias actividades familiares. Y en el momento de recibir el dinero, la persona que me lo suministró era ampliamente reconocida en Neiva como prestamista, con clientes en todas las esferas sociales de la ciudad.

Incluso, un gran medio de comunicación impreso de Bogotá había publicado avisos pagados por el mismo prestamista sin que se preocupara por sus antecedentes o su presente, pese a que había contratado tal publicidad justo cuando era capturado con su hermano a comienzos de 2007.

Pero el entorno político, enrarecido por las investigaciones por el fenómeno de “parapolítica” y una fuerte oposición desde distintos flancos al presidente Uribe, todo ello agravado por una pugna casi personal entre él y la Corte Suprema de Justicia desde 2006 cuando ejerció como presidente de ese tribunal el huilense Yesid Ramírez Bastidas , hacían que cualquier señalamiento en contra de quienes estábamos en la coalición de gobierno terminara convertido en proceso judicial. En la misma plenaria del Senado, dos días después de la publicación, algunos colegas claramente aprovechando el momento para lanzar ataques a la alianza uribista, se fueron en mi contra exigiendo que renunciara; en un inusual control político (que no lo era pero así lo llamaron, pues ese control es del Congreso hacia el Gobierno y no de congresista a congresista) las bancadas del Polo Democrático y del Partido Liberal así lo hicieron a través de Héctor Elí Rojas, Parmenio Cuéllar y Cecilia López. En mi defensa actuaron los senadores José Darío Salazar y Omar Yepes, del Partido Conservador; Víctor Velásquez y Habib Merheg, de Colombia Viva; Juan Carlos Vélez y Jorge Visbal, de La U, entre otros.

Allí hice una detallada exposición de mis activos, y sobre todo de mis pasivos, y expliqué cómo había distribuido el préstamo entre obligaciones familiares, especialmente la compra de un apartamento nuevo que remplazaba el viejo inmueble del barrio Cedritos de Bogotá, en el que había vivido los últimos 10 años. Expliqué deuda por deuda y banco por banco, incluyendo otro préstamo personal, esta vez de un Senador que – dada su solvencia – tenía la generosidad de no cobrarme intereses. Y una frase que solté al final de mi intervención ante la Plenaria, que no me quería defender por pobre pero que esa era mi situación, provocó un áspero editorial del diario El Tiempo esa semana en el que poco faltó para que me desterraran; lo titularon “El pobre senador Andrade”. Estuve tentado a contestarles en una carta igual o más fuerte, pero finalmente, haciendo caso más a mi personalidad conciliadora que a los malos consejos de la ira, dejé pasar el escrito.

El 12 de noviembre de 2008 la Sala Penal de la Corte Suprema decide adelantar una investigación preliminar; el 9 de abril de 2010 abre formal investigación por tres presuntos delitos; el 28 de agosto de 2013 resolvió mi situación jurídica sin medida de aseguramiento por dos de las tres conductas que inicialmente me endilgaba. Ese día, afanados por una “chiva” informativa, los periodistas especulaban con una supuesta orden de captura en mi contra; uno de ellos, de cuyo nombre no quiero acordarme, alcanzó a publicar que así había sido y que yo había salido corriendo del Congreso seguramente a esconderme. Efectivamente esa noche salí afanado pero porque debía atender una inaplazable reunión de trabajo en la Universidad Sergio Arboleda.

Una y otra vez acudí a todos los llamados de los magistrados, ejercí mi derecho a la defensa incluso develando todo mi estado financiero desde que había llegado al Congreso en 1998 y solicité a la Corte se me hiciera un informe contable, que resultó más parecido al empobrecimiento lícito que al enriquecimiento ilícito como dijo uno de los analistas de la Fiscalía que hizo esa labor.
El 16 de junio de 2014 se cerró la investigación y procedieron a calificar el mérito del sumario.

El 10 de septiembre de 2014, tras cinco años, nueve meses y 28 días de averiguaciones, dictámenes, declaraciones, testimonios, ires y venires, la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia - por unanimidad - decide que no había ninguna razón para adelantar un juicio en mi contra y cierra el proceso favorablemente.

Con ponencia del magistrado Luis Guillermo Salazar Otero, la Corte determinó que “Los recursos obtenidos tenían una finalidad privada que en nada afectó la campaña electoral”, que “Tales recursos no fueron utilizados en la campaña”, que “Existe congruencia y veracidad entre el informe de gastos e ingresos reportado por el Consejo Nacional Electoral” y que quienes declararon haber aportado a mi campaña, eran personas honorables de “suficiente capacidad económica”. Igualmente, que en el momento de firmarle los pagarés, el prestamista gozaba de buena reputación y que “se trataba de un ciudadano que no suscitaba reproches a nivel social”, testimonio entregado por varios reconocidos personajes públicos de Neiva, entre ellos el también congresista Rodrigo Lara Restrepo.

La Corte encontró probados mis argumentos en el sentido de que para marzo de 2006, cuando acudí a ese crédito particular, “ni en los círculos sociales y menos en los medios de comunicación se daba cuenta de la existencia de investigaciones penales en contra” del prestamista por hechos relacionados con Cajanal. Que este era “bien recibido e inclusive visitado por personajes representativos de la comunidad en sus propiedades”. Y dije y demostré ante los magistrados –que así lo consignaron en la sentencia – que yo no lo conocía y fue a través de un exconcejal y abogado neivano que me entrevisté con esa persona, “esto es, no lo hizo de forma subrepticia o soterrada”. Curiosamente fue este exconcejal el único en declarar que yo sí sabía de las actividades ilegales del prestamista, versión que fue desmentida por todos los demás testigos y así lo acogió la sentencia a mi favor.

Y como ocurre en muchos casos, la noticia de la decisión de la Corte a mi favor, en septiembre de 2014, muy poco espacio en los medios de comunicación mereció, lejos de las páginas enteras y los minutos de televisión y radio que me dedicaron en cada momento y decisiones previas del proceso. Pero ahí está el documento judicial que avala – tras la exhaustiva investigación de casi seis años – la legalidad y legitimidad de todas mis actuaciones públicas y privadas en ese prolongado episodio. Y claro que cancelé la totalidad del valor de los pagarés al prestamista; el hecho de que lo tuviesen detenido no desaparecía la obligación.

En similar sentido se pronunció la Justicia en otros dos casos, de los que los medios hicieron enorme despliegue al informarse su existencia pero casi silencio total cuando se resolvieron a mi favor: en marzo de 2018 cuando, tras dilatadas diligencias desde 2011, se archivó la indagación preliminar que había comenzado por denuncias confusas e incluso anónimas que había recogido un alto exfuncionario del Estado, y que se referían a presunta injerencia mía en el manejo de los bienes de la extinta Dirección Nacional de Estupefacientes (DNE). La Corte dijo, con precisión, que “LA CONDUCTA ATRIBUIDA AL SENADOR ANDRADE SERRANO NO HA EXISTIDO” porque “los elementos de convicción reseñados desvirtúan… la supuesta influencia del Senador en la designación de depositarios, pues según lo visto, no tiene vinculación alguna con éstos ni con los bienes”. Los magistrados también corroboraron que mis visitas a la DNE las hacía acompañando a alcaldes, concejales, diputados y funcionarios “quienes expresaron haber recibido la colaboración del funcionario aforado (senador Hernán Andrade) para obtener ayudas en beneficio de sus comunidades”.

Y en abril de 2018 también se archivó la indagación por el supuesto pago de dinero para frenar acciones judiciales en mi contra en el alto tribunal, dentro del llamado escándalo del “Cartel de la Toga”. La Corte encontró que no hubo ninguna irregularidad y que todos mis pagos correspondían, con soporte contable, a honorarios de la defensa.

Lucy Artunduaga Vega, quiere ser alcaldesa de Gigante

Es una líder política de la capital cacaotera del Huila, ha estado vinculada a la actividad desde muy joven e incluso ya tuvo la oportunidad de dirigir su municipio de 1980 a 1982 cuando fue designada por decreto por el gobernador de la época.

Lucy Artunduaga Vega es abogada de profesión, fue concejal, presidente de la corporación y diputada, es la madre del actual Representante a la Cámara por el Huila Álvaro Hernán Prada y exesposa de Jorge Eduardo Gechem. En entrevista con Edgar Artunduaga ratificó su aspiración a la alcaldía de Gigante con el apoyo del Centro Democrático.

“Balance positivo” entrega alcalde de Pitalito

Según Miguel Antonio Rico Rincón, la capital laboyana ha tenido grandes avances durante los tres años que van de su mandato y hasta el momento se han cumplido en un 75% las metas del Plan de Desarrollo.

Rico destaca el trabajo realizado por su gobierno en materia de infraestructura, las obras para optimizar el acueducto de la población y los esfuerzos por mejorar las vías que conducen a la zona rural, teniendo en cuenta la importancia del sector campesino, así como también resalta la labor de la secretaría de educación diciendo que es una de las mejores del país.

Sin embargo el mandatario reconoce que la población atraviesa una grave situación de orden público “para nadie es un secreto que Pitalito es un corredor de narcotráfico dada su ubicación geográfica” señala. A pesar de ello dice estar trabajando de la mano del ejército y la policía para disminuir este fenómeno y tener una ciudad más segura.

Miguel Antonio Rico presentó su rendición de cuentas de la vigencia 2018 en Artunduaga pregunta, lo que la gente se pregunta

La difícil tarea de ser artista

Nacida en el municipio de La Plata pero de corazón laboyano, Nubia Monje es una de las Artistas Visuales más reconocidas del departamento del Huila y una promotora de las expresiones culturales a nivel nacional e internacional.

Se considera una persona altamente sensible y una amante de la pintura, las flores, la poesía y la música. Es curadora de arte, miembro del Club de Jardinería de la ciudad de Neiva y junto a un grupo de artistas huilenses se ha dedicado a exponer su obra en diferentes partes del mundo. Entre las cosas que la apasionan está el trabajo con los niños que tienen la posibilidad de encontrar en cada trazo siempre algo nuevo.

Aunque considera que ser artista no es una labor sencilla se siente orgullosa del trabajo realizado y está convencida de que debería existir en el departamento mayor incentivo hacía este campo y exalta la labor que realiza la Universidad Surcolombiana desde su programa de Licenciatura en Educación Artística y Cultural. Así es Nubia Monje, invitada a Artunduaga pregunta, lo que la gente se pregunta.