Remate gubernamental

En siete meses a esta hora ya habremos conocido los nombres de quienes regirán alcaldías y gobernaciones. Para el Huila y su capital, una variopinta vitrina ofrece hoy sus servicios, aunque casi ninguna propuesta programática. Hay quienes prometen, inclusive con su firma, que no llegarán a robar; otra, que no volverá a emborracharse ni a echar madrazos.

Los ciudadanos sabemos que las campañas generalmente crean expectativas que quienes resultan elegidos no vuelven a recordar. Por eso consuetudinarios electores terminan sufragando por inercia, por costumbre, como cuando se elabora el pesebre navideño o se desempolva el llamado traje típico que ya nadie usa sino en las fiestas en las que reinas y parejos bailan un sanjuanero que tampoco ya nadie baila.

Avalanchas de encuestas que nadie sabe quien diablos realiza se suceden inundando las redes sociales y volviendo fastidiosa la sola práctica de abrir el celular. Todas contradictorias en un carrusel en el que todos los aspirantes se turnan el primer lugar, solo creíble por los transitorios triunfadores cuando ni tan siquiera se tiene seguro si llegarán hasta las inscripciones en la registraduría.

Entre tanto, el Huila descuadernado entre protestas magisteriales, estudiantiles y de padres de familia luchando por dotación, alimentación y transporte escolar en diferentes municipios. Obras que jamás terminan de construirse o entregadas sin cumplimiento pleno de las exigencias establecidas en pliegos y diseños; otras que empiezan a derrumbarse y desaparecer entre la maleza tras dos o tras años de abandono; pavimentaciones que se tragan millonarios recursos repartidos desde antes de firmarse el contrato en coimas exigidas por gobernantes o sus parientes delegados para asaltar al contratista y de paso robarse buena tajada de los costos contratados, haciendo que cantidades, calidades, tiempo y comunidades, terminen pagando el pato del asalto descarado.

Mientras tanto, el gobernador buscando acallar las quejas y reclamos con anestesiantes discursos babosos y exhibiendo cifras que solo existen en los anaqueles de su despacho pero contradictorias con lo que el ciudadano de a pie observa perplejo. Y Neiva, partida por el eje de la carrera séptima mientras unos marrulleros pagados con dineros de nuestros impuestos tratan de disculpar su incapacidad para cumplir sus obligaciones, con desafiantes explicaciones cazabobos.

Comerciantes quebrados, clientes insatisfechos, peatones lanzados al tráfago vehicular, conductores que maldicen y reniegan, pacientes impacientes que no encuentran entrada a consultorios y farmacias terminan siendo las víctimas del desmangurre y la falta de planeación mientras el mayestático y soberbio alcalde deja en manos de segundones improvisadores el destino de la ciudad.

Y como al que no le gusta el caldo se le dan dos tazas, ahora nos anuncian el cierre simultáneo de dos calzadas de la misma vía, por la que circula el mayor volumen de tráfico particular y público, cuya movilidad recaerá sobre unas callejuelas alternas huérfanas de la capacidad para absorber el número, la frecuencia y el peso de los vehículos, amén de su lamentable estado de deterioro que será llevado al extremo. Polvareda, congestión y desencanto ciudadanos, serán los protagonistas reinantes de las venideras celebraciones sampedrinas. Infelices fiestas.

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