EL VIRUS DE LA DESIDIA CARCELARIA

Justo en medio de todos los miedos que ha despertado la crisis por el Coronavirus hemos vuelto a poner la lupa sobre las cárceles. Muchos países han venido tomando decisiones de excarcelaciones con el fin de evitar que la pandemia cause estragos más grandes. La pregunta también se ha venido haciendo en Colombia y el tema discutiendo con mucho interés: ¿debe el Estado colombiano, el Presidente de la República, expedir un decreto permitiendo la salida de reclusos de las cárceles por el Coronavirus?

La respuesta debe ser afirmativa, hay que tomar medidas; no obstante, ello debe ser hecho con mucho cuidado, por lo que deseo hacer dos consideraciones:

La primera es que debe analizarse muy bien qué situaciones o qué tipo de personas deben ser objeto de estas medidas de emergencia, pues no creo conveniente generalizar, la salida de la cárcel no debe ser la única medida y cuando ella se considere debe ser para que vayan en detención domiciliaria personas que están directamente en riesgo, me refiero a adultos mayores, personas con enfermedades cardiacas, respiratorias o crónicas como el cáncer o el VIH y otras, analizando caso a caso su pertinencia. Pero ya sabemos que el virus no respeta edades, por lo que entonces toda la población carcelaria sin condiciones dignas de reclusión estaría en peligro, y digámoslo claramente, esa es la situación generalizada en Colombia; somos un país punitivista que quiere solucionar todo con la cárcel y donde se nos llena la boca haciendo afirmaciones como que “ojalá se pudra en la cárcel”. Entonces en Colombia hay un riesgo muy elevado de contagio del coronavirus en los establecimientos de reclusión y ahí está el desafío de las medidas que debe tomar el gobierno: evitar una catástrofe, pero al mismo tiempo proteger a la sociedad tomando medidas racionales y proporcionales, la emergencia no puede beneficiar a todo el mundo.

La segunda consideración es la siguiente: no debe pretenderse solucionar un problema histórico con un decreto de emergencia. Pero sí es el momento de pensar integralmente una verdadera política penitenciaria y carcelaria a futuro, una que sea humanista porque garantice plenamente los derechos fundamentales de los reclusos y que ayude a cumplir el objetivo que tiene el Estado con el derecho penal. Cuando se impone una pena el Estado busca algo, educar, resocializar, prevenir, etc., y la pregunta es si ello se está logrando o no; la respuesta es un NO rotundo. Tenemos leyes penales buenas, funcionarios judiciales capacitados, magníficas facultades de derecho, pero uno de los peores sistemas penitenciarios de la región, la pena en Colombia no cumple su función, de manera que, aunque suena derrotista, los profesores, los abogados, los fiscales, los investigadores, los jueces, todos estamos perdiendo el tiempo y una gran oportunidad para ayudar a la sociedad. El problema carcelario no da espera, hay que solucionarlo YA.

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