Sacaron a un poderoso del llamado Sindicato empresarial antioqueño

El ambiente en el Club Campestre hervía durante el último puente Emiliani. Habían sacado de la junta de Bancolombia a Ricardo Sierra Moreno, el eterno protegido del desaparecido líder Nicanor Retrepo Santamaría.

No fue cualquier descabezado, dice “Juan Paz”, autor de muchas primicias del mundo político y empresarial antioqueño.

Ricardo Sierra, quien se creía con autoridad para intervenir e influir en la elección de alcaldes y gobernadores, venía en el grupo desde las épocas de Iván Correa Arango y Javier Gómez Restrepo.

El senador le restó importancia a la decisión que tomó la CIJ.

El país puede estar tranquilo, según el senador Roy Barreras, de la U, porque nada importante pasó en la Corte de la Haya, respecto de las diferencias de Colombia con Nicaragua.

En mi opinión –dice- se cerró ese capitulo desagradable de más de veinte años de un problema que no se atendió bien. Colombia simplemente no aceptará decisiones de ese organismo de aquí en adelante.

Santos, el incomprendido

El mundo está lleno de rechazados, como millones de adolescentes que se quejan porque sus padres los marginan. Seguramente muchos de ustedes vieron “el club de los incomprendidos”.

La historia está llena de personajes que terminaron luchando contra la corriente y se hicieron héroes. Algunos simplemente se consagraron como loquitos despistados.

El popular Goyeneche murió incomprendido, en su idea y propósito gubernamental de pavimentar el río Magdalena, para convertirlo en la gran vía nacional. También quería ponerle marquesina a Bogotá.

Otros piensan tener la verdad y creen que los demás están equivocados. Como el cuento viejo del pastuso que iba en contravía en Bogotá y en una emisora informaron con alarma sobre la situación:

-Atención….hay un carro en contravía, imparable, por la carrera séptima.

-El hombre, quien iba escuchando, comentó al pasajero acompañante: ¿Uno?. ¡miles¡

El presidente Santos acaba de ingresar al batallón de los arrinconados por el capricho. Dice que está haciendo lo correcto, aunque muchas veces se siente incomprendido.

En un largo reportaje en El País, de España, Santos se burla de los uribistas, cuando califican como dictadura a su gobierno.

-Ahí sí me río, porque ese tipo de ataques lo que causan es risa. Son tan absurdos que se caen por su propio peso, responde Santos, quien también señala que la paz se va a lograr con o sin Uribe, “pero prefiero 1.000 veces que sea con él. Que sea una paz de todos”.

Pero no deja quieto a Uribe: -Cuando la gente vea que firmamos los acuerdos va a decir: “Qué maravilla”. Toda esa desinformación de que estamos entregando el país al castrochavismo, al comunismo, que me volví miembro de las FARC… nada de eso es cierto. Es toda una estrategia de sembrar miedo y mentiras.

Rompen relaciones Barguil y Marta Lucía

Las últimas contiendas políticas internas en el partido conservador y las pasadas elecciones de alcaldes y gobernadores (apoyaron a Peñalosa) consolidaron su relación, que ahora se rompe. David Barguil y Marta Lucía Ramírez ya no caminan del brazo.

El presidente Santos se interpuso en su camino. Barguil se ha venido acercando al gobierno y Ramírez considera que es un error, porque los conservadores deben consolidar ideología y organización con miras a nuevos procesos electorales.

Todo conduce a que el presidente firme los acuerdos sin refrendación popular

Para muchos analistas del quehacer político y el proceso de paz, “la situación estaba cantada”. Según la excandidata presidencial Marta Lucía Ramírez, el Fiscal Eduardo Montealegre hace parte de un guión para negar el plebiscito y más adelante abrirle paso a una Asamblea Constituyente, que ella considera peligrosa.

En opinión de Ramírez, el novelón concertado consiste en que el Presidente Santos aboga por el plebiscito, algunos ministros resaltan su condición de democrática, pero otros amigos piden su inexquibilidad, para terminar en que no hay refrendación popular.

Es posible que la unidad lograda en el Congreso facilite la decisión política, pero resulta una incógnita lo que determine la Corte, que acaba de elegir toda su nómina, y obviamente arranca la nueva etapa con mayores bríos en el propósito de hacer respetar la Constitución, su obligación principal.